domingo, 11 de octubre de 2026

ESTADISTAS




Se acercan las elecciones generales y, con ellas, el espectáculo habitual. Los partidos se preparan, los argumentarios se desempolvan y los platós de televisión se convierten en improvisados campos de batalla. En las redes sociales, entretanto, la moderación parece haberse tomado unas largas vacaciones.

Todo está preparado para la gran cita democrática, aunque sin que tenga claro si asistimos a un debate político o a una competición para comprobar quién es capaz de desacreditar al adversario antes de que termine la frase.

La crispación cotiza al alza. El matiz, sin embargo, no parece tener mercado.

La política ha descubierto que indignar puede resultar más rentable que convencer. Una afirmación contundente, aunque sea discutible, tiene más posibilidades de circular por las redes que una explicación razonada. Y si, además, viene acompañada de un insulto

, ya tenemos contenido para toda la tarde.

Mientras tanto, los problemas continúan ahí fuera, bastante menos entretenidos que sus protagonistas: la vivienda, el empleo, el coste de la vida, la educación, la sanidad y la incertidumbre sobre el futuro

Los programas electorales tienen algo de literatura fantástica. No siempre, por supuesto, pero en ocasiones describen un país que parece encontrarse a una legislatura de distancia de la realidad.

Después llegan las dificultades, los imprevistos, las negociaciones y las circunstancias que no figuraban en el guion. Gobernar es complejo, y sería ingenuo negar que una promesa puede resultar inviable por razones justificadas.

Lo que cuesta más comprender es la facilidad con la que algunas promesas desaparecen sin dejar siquiera una nota explicativa. Parece que el compromiso electoral tuviera fecha de caducidad, mientras que la memoria del votante debiera ser obligatoriamente de corto recorrido.

Pero la oposición tampoco puede limitarse a esperar el desgaste del Gobierno. Denunciar sus errores es parte de su función; explicar qué haría de manera diferente es una obligación política de mayor calado.

Porque señalar el agujero no equivale a saber construir el puente.

Hay un fenómeno que merece una reflexión especial: el crecimiento del apoyo a Vox entre determinados sectores de la juventud española, en sintonía con tendencias observadas en otros países europeos.

La primera tentación consiste en descalificar a quienes votan de esa manera. La segunda, quizá más cómoda, en atribuirlo todo a las redes sociales, a la falta de experiencia o a una supuesta incapacidad para distinguir entre propaganda y realidad.

Ambas explicaciones pueden ahorrarnos una pregunta bastante más incómoda: ¿qué encuentran algunos jóvenes en esos discursos que no encuentran en los partidos tradicionales?

O simplemente ...¿ que se está haciendo mal, para que eso ocurra?

Tal vez haya frustración ante las dificultades para acceder a una vivienda, preocupación por el futuro, rechazo a determinados discursos políticos o cansancio de escuchar promesas que no parecen mejorar su vida cotidiana. Las razones no serán las mismas para todos, ni una tendencia electoral puede explicarse con una única causa.

Pero convendría escuchar antes de dictar sentencia.

Si una parte de la juventud siente que las opciones tradicionales no la representan, no basta con reprocharle su elección. También sería razonable preguntarse qué han hecho esas formaciones para perder su confianza.

La democracia tiene estas ironías: los ciudadanos no siempre votan como esperan los partidos, y los partidos no siempre comprenden por qué los ciudadanos dejan de votarlos.

En distintos países europeos se observa un avance de fuerzas políticas que cuestionan consensos anteriores y conectan con ciudadanos descontentos con sus representantes tradicionales.

Las realidades nacionales son diferentes, y sería un error meterlas todas en el mismo saco. Pero hay una cuestión común que merece atención: cuando amplios sectores de la población consideran que sus preocupaciones no encuentran respuesta, buscan otras alternativas.

Unas veces lo hacen por convicción ideológica; otras, como protesta. Y en ocasiones ambas cosas se mezclan.

No todo voto de protesta carece de contenido, del mismo modo que no todo voto tradicional responde a una reflexión profunda. La papeleta no incluye una casilla donde el ciudadano deba explicar sus motivos.

Lo que sí debería preocupar a cualquier partido democrático es que una parte de la ciudadanía llegue a considerar que cambiar de opciones no sirve para cambiar las cosas.

Y llegamos al elector.

A ese ciudadano que escucha a unos y a otros, contempla las acusaciones cruzadas y trata de averiguar qué parte de cada discurso se corresponde con la realidad.

Puede recordar promesas incumplidas, reconocer aciertos de un Gobierno y errores de la oposición, discrepar de un partido sin compartir necesariamente las ideas de su adversario y sentirse poco representado por todos ellos.

No es una posición cómoda. Tampoco tiene por qué ser una posición indiferente.

Quizá por eso convendría recuperar algo tan sencillo como la responsabilidad de rendir cuentas. Menos descalificaciones y más explicaciones. Menos promesas grandilocuentes y más objetivos verificables. Menos tiempo dedicado a demostrar que el adversario es peor y más esfuerzo por explicar qué se pretende hacer y cómo.

Y, por supuesto, menos desprecio hacia quienes votan de manera diferente. El desacuerdo político no debería convertir al vecino, al compañero de trabajo o al familiar en un enemigo.

Y el ciudadano medio, se pregunta:¿A quién votamos?

No tengo una respuesta, ni pretendo tenerla.

Si una reflexión. 

Aunque suene utópico, sobran políticos y faltan estadistas. Que no piensen solo en alcanzar el poder y mantenerlo. Que independientemente de su posible futura reelección una vez finalizado el ciclo, actúen pensando en el país,  sin ego político.

Churchill dejó una reflexión sobre la democracia: era el peor sistema de gobierno, con la salvedad de todos los demás que se habían probado. Una frase irónica que conserva su fuerza porque no presenta la democracia como un mecanismo perfecto, sino como un sistema que debemos cuidar, exigir y mejorar.

Por lo tanto, cada elector tendrá que valorar, libremente,  las propuestas, los antecedentes, la credibilidad de los compromisos y la capacidad de cada candidatura para responder a los problemas que considera prioritarios.

Pero sí me parece razonable reclamar algo: que no nos pidan únicamente confianza, sino razones para confiar.

La democracia no consiste en elegir una vez cada cierto tiempo y entregar después un cheque en blanco. Tampoco en aceptar como verdad todo lo que confirma nuestras preferencias y como mentira todo lo que las contradice.

Consiste, entre otras cosas, en conservar la capacidad de preguntar, de cambiar de opinión y de exigir responsabilidades.

Tal vez el problema no sea que los ciudadanos dudemos demasiado antes de votar. Tal vez sea que algunos representantes nos ofrecen demasiadas razones para dudar.

Y si, llegado el día, todavía tenemos dudas, no estaría de más recordar que votar no nos obliga a renunciar al pensamiento crítico.

Porque la papeleta se deposita en la urna en unos segundos. La responsabilidad de elegir bien, en cambio, empieza mucho antes y no termina cuando se cierran los colegios electorales.

Y eso lo aprendieron duramente todos aquellos ciudadanos y ciudadanas alemanes que, en su día,  permitieron a Hitler alcanzar el poder.


domingo, 27 de septiembre de 2026

PEONES


Si juegas al ajedrez, sabrás que el peón es esa pieza sufrida que avanza despacio, no puede retroceder y suele ser la primera en caer para que el Rey o la Reina ganen posición.

En la política española, la analogía no es que sea buena; es que parece que el reglamento del ajedrez lo redactaron entre todos los partidos en una comisión parlamentaria.

Los ciudadanos de a pie no votamos soluciones; financiamos las jugadas de apertura de unos estrategas que ven el mapa del país como un tablero .

En el ajedrez clásico, sacrificar un peón es una maniobra maestra. En España, es el pan de cada día, y el tablero de la vivienda es el mejor ejemplo.

Mientras el precio del metro cuadrado roza máximos históricos y el alquiler devora los recursos del trabajador medio, las soluciones que llegan desde arriba parecen sacadas de un manual de magia potagia.

 Por un lado, tenemos al Gobierno y sus socios, maestros de la burocracia defensiva. Te prometen leyes de vivienda históricas y "bonos jóvenes" que se agotan en la web del ministerio a los tres minutos de abrirse, dejándote la misma cara de tonto que cuando te hacen el Jaque Pastor en cuatro movimientos.

 Son expertos en emitir titulares grandilocuentes que, a la hora de la verdad, se diluyen en el BOE dejando al inquilino exactamente igual de desprotegido, pero con más burocracia que rellenar.

El peón español avanza una casilla, siempre de frente, pagando sus impuestos y destinando la mitad de su sueldo a un piso. Mientras tanto, las piezas altas del Ejecutivo se mueven en diagonal, saltan horizontalmente sobre los problemas reales y caen siempre de pie en sus escaños.

Pero no seamos injustos, porque en la otra mitad del tablero, la oposición no se queda atrás. Su estrategia ante el drama del alquiler es de una lucidez pasmosa: esperar cruzados de brazos a que el peón se ahogue del todo para luego poder gritar "¡Os lo dije!" desde el atril del Congreso.

Cuando el ciudadano protesta porque no llega a fin de mes, la bancada de la oposición activa su jugada estrella: ofrecer recetas teóricas basadas en la física cuántica inmobiliaria.Su propuesta estrella consiste en que la solución es liberalizar más suelo. Mágicamente un piso de 30 metros en el centro de Madrid o Barcelona bajará a doscientos euros al mes por arte de magia.

Para los estrategas de la oposición, la crisis de la vivienda no es una urgencia social; es un viento a favor en las encuestas. Observan cómo se asfixia el ciudadano con la misma emoción con la que un jugador de ajedrez ve que al rival se le está agotando el tiempo en el reloj. 

Su mayor pesadilla no es que tú no puedas pagar el alquiler; su verdadera pesadilla es que el Gobierno acierte de rebote con una medida y les rompa la narrativa electoral.

Sin embargo, la ironía del juego político en España es que tanto el bloque morado-rojo como el bloque azul-azulón olvidan la regla más peligrosa del ajedrez: la estructura. 

Un rey sin peones no es nadie; solo un trozo de madera pintada esperando el Jaque Mate. Y el peón español tiene una cualidad que no tiene el boj: la capacidad de saturarse y aplicar la resistencia colectiva.

La respuesta ante los abusos ya no es aplaudir los discursos del Gobierno ni tuitear las quejas de la oposición; es hacer un jaque colectivo al sistema inmobiliario por cuenta propia.

 La gran pesadilla de la clase política de este país no es la bancada de enfrente. Su verdadero terror es la promoción del peón. 

Esa regla bendita que dice que , si un peón resiste el fuego cruzado, esquiva los discursos partidistas y llega con paciencia al final del tablero, puede convertirse en la pieza más poderosa.

Nos quieren peones aislados, divididos entre las casillas blancas y las negras, discutiendo en redes sociales sobre si la culpa de todo la tiene la izquierda o la derecha.

 Pero en el momento en que los peones de la casilla blanca y la casilla negra se den la mano y se den cuenta de que el suelo que pisan está igual de caro gobierne quien gobierne, el tablero entero se dará la vuelta.

Así que la próxima vez que te sientas una pieza insignificante frente al mercado o los presupuestos del Estado, recuerda: los reyes solo reinan mientras el tablero aguante su peso. 

Y los que sujetamos la mesa somos nosotros

Quizá la pregunta que nos queda por hacernos no es quién mueve los hilos o qué partido diseña la próxima estrategia desde su despacho. 

La verdadera cuestión, la que se queda flotando en el aire cuando apagamos las pantallas y cerramos las redes sociales, es qué papel decidimos asumir nosotros al levantarnos cada mañana. 

Si aceptamos movernos en línea recta por el carril que nos han dibujado, o si empezamos a mirar a nuestro alrededor para entender que la realidad de los barrios no entiende de colores políticos, sino de vidas compartidas. 

Al fin y a la cabo, el ajedrez es solo un juego con reglas fijas sobre un cartón rígido; la sociedad, afortunadamente, la escriben las personas cada vez que deciden pararse a pensar por sí mismos.

Juguemos.

x

miércoles, 16 de septiembre de 2026

FELICIDAD




 

El filosofo estadounidense Henri David Thoreau, publicó en 1854 "Walden ". 
Un libro donde narraba los dos años, dos meses y dos días en los cuales vivió solo en una cabaña, que el mismo había construido junto al Lago Walden (Massachusetts).
¿Cual era su propósito? 
Saber que ocurre cuando una persona se
aísla, elimina todo lo innecesario y se limita a lo básico, a lo esencial.
Con el objetivo, una vez finalizada la experiencia, de encontrar la felicidad, ese sueño inalcanzable para muchos.
Una de sus frases mas conocidas, como fruto de su experiencia fue:
" En mi casa había tres sillas. una para la soledad, una para la amistad y una para la compañía".
Hace 5 años, decidí cambiar de zona geográfica y me traslade de Madrid a la costa, donde actualmente permanezco.
Obviamente ello conllevaba el alejamiento de mi familia, circulo social y contactos habituales.
Al encontrar el articulo donde aparece lo mencionado, decidí escribir sobre ello, en base a mi propia experiencia y respetan do los tres pilares citados por Thoreau.
Una especie de balance personal sobre este periódo.
Esa soledad inevitable, dada la ausencia de nuevos contactos, no me ha planteado ningún problema.
Afortunadamente mi espacio íntimo está lleno de libros, aprendizaje permanente , dada mi incontrolable curiosidad por nuevos temas, cinefilia, arte y afortunadamente tiempo libre para dedicarlo a este modesto blog.
Y una nueva  visión sobre la amistad, bello concepto pero no fácilmente alcanzable.
Hace ya mucho tiempo, aprendí a distinguir entre conocid@s y amig@s. 
Creo que esa idea es compartida por muchas personas.
Y actualmente, lo sigo asumiendo, con carácter mucho más limitativo, más estricto.
Me ocurre algo similar en el apartado de compañía. 
Todo aquello que no me aporte positividad, conocimiento o empatía, ha desaparecido de mi entorno.
Ello no significa una reconversión ermitaña.
Los roles sociales los practico como cualquiera, pero sin desperdicio de mi tiempo y libertad.
Por tanto, mi agradecimiento a todos aquell@s que comparten ese tiempo para, puntualmente o esporádicamente, visitar mi blog, al dia de hoy con 156.820 entradas.
Estadísticamente una pequeña gota de agua en el inmenso mar de las redes sociales.
Para mi, el mejor regalo.
Porque, citando nuevamente a Thoreau:
" Un hombre es rico en proporción a las cosas de las que puede prescindir".
En mi continuo e indefinido aprendizaje personal, procuro practicarlo.
Porque vivir, no es lo mismo que sobrevivir.

lunes, 31 de agosto de 2026

DOS ESTRELLAS


 Muy brevemente.
El mismo entusiasmo, el mismo apoyo, la misma pasión, el mismo orgullo que unió ,en el pasado Mundial 2026 ,a personas de toda condición, de diferentes sexos,variadas ideologías, de múltiples profesiones , de niños, jovenes y mayores, hay que mantenerlo y jugarlo en otro estadio.
Ceuta invadida de forma planificada y organizada, población atemorizada, con miles de personas acampadas de forma lamentable, penosa e ilegal, grandes perdidas económicas del comercio local, problemas sanitarios , logísticos e incertidumbre y miedo ante el futuro inmediato de la ciudad.
El día 2 de septiembre, Ceuta nos necesita.
Todo aquel de cualquier raza , ideología y religión que, objetivamente, considere que esta situación no tiene nada que ver con la acogida migratoria y puntual, que se está disfrazando una operación política con una falsa capa de humanidad, que los participantes en la misma han sido utilizados para ello, que la solución debe ser apoyada y coordinada con el país de origen, facilitador de esta maniobra, debe salir a jugar eel próximo día 2 de Septiembre en toda España.
Y este partido lo tenemos que ganar, con dos ....estrellas
Solidaridad, si.
Pero también con nuestros compatriotas ceutíes.




martes, 4 de agosto de 2026

MIGRACION


En el momento de escribir estas líneas, las autoridades ceutíes dan la cifra  de 88  fallecidos como consecuencia de la oleada migratoria de los últimos días por parte de miles de personas para intentar entrar a nado en la ciudad.
Por su parte, la Asociación Marroquí de Derechos Humanos, indicó en un comunicado que los fallecimientos podrían alcanzar las 130 personas y señalo la existencia de decenas de desaparecidos.
Inevitablemente,  reacciones políticas de todo tipo desde Trump hasta Meloni o Vox, criticando la política migratoria de nuestro Gobierno.
Y las siempre activas redes divididas entre el humanitarismo y las reacciones adversas o xenófobas ante una inmigración descontrolada. 
Y preguntas, muchas preguntas.
¿ Es creíble que el CNI no dispusiese de la información adecuada, cuando ciudadanos ceutíes han informado de que, desde hace varios días , corrían rumores entre la población sobre que algo se estaba preparando
¿ Y tampoco los servicios secretos marroquíes, considerados de primer nivel en un país donde el control es la norma?
¿Sino es así, porque la inacción ante el problema?
¿ Que hubiera sucedido si, previo al acuerdo de apertura de la verja en Gibraltar, ciudadanos españoles hubiesen realizado el mismo movimiento reivindicando la soberanía española?
Y el Ministro del Interior negando haber recibido información del CNI , atribuyendo a las mafias el origen del problema mientras que el Presidente Sanchez agradece a Marruecos la gestión de la crisis y lo califica de gran aliado, desde su residencia de vacaciones.
El objetivo político es claro:
La recuperación de Ceuta y Melilla por parte del Reino de Marruecos a medio plazo , con el apoyo de la administración norteamericana, dado que todo el equipamiento militar de Marruecos es de origen EEUU, con miles de millones por en medio.
Y la hostilidad de Israel contra nuestro Gobierno, por su posicionamiento ante el conflicto palestino.
Las diversas informaciones publicadas sobre la utilización de Pegasus, por parte de Marruecos , oscurecen todavia más la situación:
"Según desgrana la investigación y recoge también el articulo publicado en "The Guardian", los servicios secretos marroquíes llegaron a tener una base de datos con más de 200 teléfonos españoles. En mayo de 2022, España reconoció que entre los móviles infectados por el programa estaban los de Pedro Sanchez y Margarita Robles " ( The Huffington Post, julio 2026)
En este sangriento tablero de ajedrez geopolítico y económico solo hay una realidad:
88 fallecidos y otras tantas familias destrozadas. 
Y la población ceutí preguntando cuando será el próximo paso o maniobra.
Mi solidaridad y respeto a todas esas familias destrozadas por el dolor.
Ya lo dice un sabio proverbio africano:
"Cuando los elefantes luchan, lo que sufre es la hierba".




jueves, 9 de julio de 2026

TRES MINUTOS

 


Hay pausas que salvan un partido. Y otras que pueden cambiar una vida.
Las condiciones climatológicas tal como  se regulo en el pasado Mundial de Clubes , establece unas pausas de hidratación en los partidos del Mundial 2026 durante unos minutos. 
El motivo es evidente: proteger la salud de los jugadores cuando el calor y la humedad convierten el esfuerzo físico en un riesgo.
Son apenas tres minutos.
Tres minutos para hidratarse, recuperar el aliento y escuchar las indicaciones del entrenador antes de volver al terreno de juego.
Mientras veía una de esas pausas comprendí que, quizá sin darnos cuenta, también nosotros estamos a punto de iniciar la nuestra.
Millones de personas abandonaran durante unos días su particular cárcel urbana. 
No solo intentarán escapar de las altas temperaturas.
También de la rutina, de la presión laboral, de los conflictos cotidianos, de los horarios y de ese ruido constante que termina por ocupar cada espacio de nuestra vida.
Necesitamos detenernos.
En el fútbol, esos tres minutos sirven para beber agua, recuperar fuerzas y modificar una estrategia que quizá no estaba dando resultado.
En la vida sucede algo muy distinto.
No hay un entrenador esperando en la banda para decirnos qué hacer. 
Cada uno ocupa ese banquillo. Cada uno diseña su táctica. 
No existen facultades donde aprender a gestionar una decepción, una crisis familiar, una mala decisión profesional o el desgaste que producen los años. 
Tampoco hay un árbitro al que culpar cuando las cosas salen mal.
Las decisiones son nuestras.
También lo son sus consecuencias.
Algunos errores solo obligan a reorganizar el juego. Otros dejan cicatrices que acompañan durante mucho tiempo. 
Pero incluso esas derrotas forman parte del aprendizaje.
No existen manuales para vivir.
Quizá por eso las vacaciones tengan un valor que va mucho más allá del descanso. 
Son una oportunidad para hacer lo mismo que hacen esos futbolistas durante la pausa de hidratación: detenerse, respirar, analizar el partido, abandonar esquemas que ya no funcionan y preparar con serenidad el tiempo que todavía queda por jugar.
Porque la vida no siempre permite elegir el partido que nos toca disputar.
Lo que sí podemos decidir es cómo aprovechar cada pausa antes de que el árbitro vuelva a señalar el comienzo.
Y quizá las grandes victorias no se consigan mientras el balón está en juego, sino durante esos pocos minutos en los que uno encuentra el valor de replantear la estrategia.
Valor. Con V de vivir.















martes, 23 de junio de 2026

NO ME SALVEN

 




No me salven.
Por favor, no me salven.
Tengo demasiadas canas, demasiados libros leídos, demasiados desengaños, demasiados errores, demasiados fracasos,  demasiados caminos recorridos ,  como para que me salven.
Todos los días me levanto esperando escuchar noticias positivas,  creíbles,  solidarias, noticias de la verdadera realidad.
Y solo me encuentro el mismo paisaje.
Palabrería, demagogia, populismo, vaguedades, promesas  incumplidas, mentiras, amoralidad....y corrupción.
" Si el vaso no está limpio, lo que en el derrames se corromperá" (Horacio).
El evidente y notorio desencanto ciudadano, alimenta propuestas populistas que el devenir  histórico demuestra su posterior fracaso, pero pagando un alto precio  económico y social.Horacio (6
No me salven.
A estas alturas de mi vida, solo necesito hechos.
Necesito realidades.
Presente y no futuro.
No necesito salvadores , iluminados, profetas, nuevos libertadores, arribistas o pesebristas del poder.
Necesito ciudadanos.
Con los pies en la tierra, escuchando y presenciando la miseria, las deficiencias, la falta de trabajo, las necesidades de mejoras en los diferentes sectores, la pobreza de los comedores sociales, las dificultades de vivienda digna, los sueldos tercer mundistas de las nuevas generaciones.
Necesito calle y no poltrona.
Y todo ello gestionado  por los mejores profesionales en cada campo, las mentes brillantes que existen en nuestro país, los más capacitados, los de mayor conciencia social, los de mayor sentido de Estado.
Y , evidentemente, correctamente remunerados pero con los mínimos privilegios. Solo aquellos que estén plenamente justificados para el desarrollo de su función. 
Y con transparencia informativa, con cifras reales, con ahorro presupuestario en las diferentes partidas necesarias para hacer funcionar la maquinaria.
Este es solo un ejemplo de los múltiples que podríamos citar en estos últimos tiempos.
Este no es un texto ideológico, no es un texto partidista.
Lo escribiría igual, sea quien sea que ocupe el poder.
Y va dirigido a toda la clase política , aunque en este caso particularmente a quien hoy gobierna.
No me salven. 
Gestionen y  gobiernen, pensando en nosotros, no en sus ambiciones.
Sean ustedes verdaderos ciudadanos que, voluntariamente  , ocupan puestos pagados con nuestros impuestos, para conseguir la mejor cuenta de resultados de esa gran empresa llamada España.
Y recuerden que el Congreso es nuestra cámara de representación y obviamente de discrepancia, pero para buscar soluciones.
No un frente de guerra.  
No tengo nada en contra de quien, honestamente,  ha decidido dedicar su vida a la política.
Pero, no hagan buena la conocida frase de mi admirado Groucho Marx:
" La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnostico falso y aplicar después los remedios equivocados".
Una vez más....no me salven.
 



miércoles, 10 de junio de 2026

DESENCANTO




La retransmisión televisiva de la visita del Papa Leon XIV a España nos ha aportado imágenes que parecen mostrar  un cambio sociológico entre la juventud , quizás ya existente , que yo desconocía.
Una plaza llena, un líder religioso aclamado, miles de jóvenes cantando al unísono, fervor y entusiasmo.
Una causa que de repente ocupa titulares y conversaciones.

En esos momentos resulta casi imposible escapar a una sensación colectiva: algo está cambiando.
Y quizás sea cierto.
O quizás no.
Porque la historia tiene una curiosa costumbre: someter el entusiasmo a la auditoría del tiempo.
Con la debida y lógica distancia similar a , en su momento, la aparición de un nuevo partido político de izquierdas.
Podemos.
El auge es la fase más agradecida. Todo parece posible. Los seguidores ven futuro. Los detractores minimizan lo que ocurre. Los medios amplifican el fenómeno. Cada cual encuentra en él la confirmación de sus propias expectativas.
Después llega la realidad.
La realidad no suele entrar por la puerta principal. Aparece poco a poco. 
Exige constancia, organización, resultados, coherencia y paciencia. Virtudes bastante menos fotogénicas que el entusiasmo.
Es entonces cuando se descubre si aquello era una corriente profunda o simplemente una ola especialmente alta.
Y finalmente aparece el desencanto. 
Ese viejo conocido.
No porque el fenómeno fuese necesariamente falso, sino porque las expectativas suelen viajar más rápido que los hechos.
La sociedad moderna parece sufrir una extraña impaciencia histórica.
Antes de que un movimiento haya demostrado nada, ya hay quien anuncia su triunfo definitivo.
Y antes de que fracase, ya hay quien redacta su esquela.
Vivimos rodeados de comienzos históricos y finales definitivos que rara vez sobreviven al siguiente ciclo informat
El entusiasmo es un magnífico punto de partida. El problema aparece cuando se le exige actuar como prueba.
No todo auge termina en desencanto. Pero casi todos los desencantos nacen de un auge.
Quizá dentro de unos años descubramos que aquellas imágenes anunciaban una transformación que apenas éramos capaces de percibir.
O quizá comprobemos que fueron simplemente el reflejo de una necesidad colectiva de creer, durante unas horas, unos y otros  que algo estaba cambiando.
La diferencia entre una cosa y otra suele ser sencilla de explicar. Lo complicado es que solo la conoce el tiempo
Sócrates afirmaba que la sabiduría comienza al reconocer lo que uno ignora, y también algo de la curiosidad permanente que caracteriza a quienes seguimos observando el mundo sin darlo por resuelto.
Yo, con los años he acumulado menos certezas de las que esperaba y más preguntas de las que imaginaba. 
No me parece un mal intercambio
Y cada vez que creo haber entendido cómo funciona la realidad, la realidad tiene la desagradable costumbre de introducir una enmienda.
Confieso que, obviamente, no tengo todas las respuestas.
Pero no por ello dejaré de seguir haciéndome preguntas.
Hasta que la función termine......



jueves, 21 de mayo de 2026

LINEA ROJA



En 2004, Luis Aragonés tomó el relevo de Iñaki Sáez al frente de una selección española recién naufragada en la Eurocopa de Portugal.
Aquel equipo tenía buenos jugadores, sí. Pero no tenía alma. Ni identidad.
Y entonces apareció una idea sencilla que terminó convirtiéndose en símbolo colectivo:
“Brasil es la canarinha, Argentina la albiceleste… me gustaría que España fuese La Roja”.
El resto ya forma parte de la historia.
“La Roja” acabó representando talento, esfuerzo colectivo, disciplina, orgullo competitivo y una idea bastante simple: para jugar en ese equipo había líneas que no podían cruzarse.
Muchos años después, en España seguimos hablando constantemente de “rojas”.
Pero ya no exactamente de la misma.
Ahora hablamos de líneas rojas.
La reciente imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero , causa todavía en fase de instrucción y respecto a la cual debe preservarse plenamente su legítima presunción de inocencia,  ha reabierto un debate mucho más profundo que un nombre concreto.
Porque la cuestión no es únicamente judicial.
Es estructural.
Y conduce inevitablemente a una pregunta incómoda:
¿Quién juega realmente el partido del poder en España?
Porque sí, en España existen lobbies.
La consultora Acento Public Affairs, creada por el exministro socialista Jose Blanco y Alvaro Alonso, exministro de Sanidad  del PP ha experimentado un crecimiento meteórico, pasando de 150.000 € de facturación en 2019 a 9,5 M € en 2024, convirtiéndose en la firma líder del sector del lobby en España.
Aunque durante años se ha evitado pronunciar la palabra, como si nombrarla fuese peor que practicarla.
Aquí preferíamos expresiones más elegantes:
Contactos , interlocución , asesoría estratégica,
relaciones institucionales.......
Todo muy Plus Ultra.
Más allá, efectivamente.
Más allá de la transparencia.
Más allá de los registros públicos.
Más allá, a veces, de la fina línea que separa la influencia legítima del tráfico de influencias.
Porque el lobby legal existe en todas las democracias modernas.
Y además es inevitable.
Empresas energéticas, banca, farmacéuticas, tecnológicas, sindicatos, patronales, ONG o consultoras intentan influir constantemente en gobiernos y parlamentos.
Eso ocurre en Madrid.
En Bruselas.
En Washington.
La diferencia no está en su existencia.
La diferencia está en las reglas del juego.
En Estados Unidos o en instituciones europeas existen registros, trazabilidad y obligación de declarar reuniones e intereses con bastante más claridad que en España.
Aquí seguimos moviéndonos muchas veces entre la agenda oficial… y el reservado.
Entre el cargo público y la futura silla en el consejo de administración.
Entre la vocación política y la puerta giratoria con vistas al Ibex.
Y ahí aparece el verdadero problema.
No la defensa legítima de intereses.
Sino la desigualdad de acceso al poder.
Porque mientras un ciudadano normal necesita cita previa, contraseña digital y tres intentos fallidos con el certificado electrónico, algunos despachos parecen entrar al BOE por la puerta de servicio.
Cataluña avanzó hace años con registros obligatorios de grupos de interés.
La Comunidad Valenciana también dio pasos relevantes.
Madrid continúa en una especie de VAR administrativo permanente, se revisa la jugada pero raramente se enseña la tarjeta.
Y quizá ahí esté el gran dilema español.
Nos hemos acostumbrado tanto a discutir quién lleva la camiseta… que hemos dejado de mirar quién redacta el reglamento.
Por supuesto, corresponde únicamente a la Justicia determinar si en cada caso concreto hubo conducta delictiva o no.
Y conviene repetirlo en tiempos de juicios paralelos:
Imputación no significa culpabilidad.
La presunción de inocencia no es un detalle técnico.
Es una línea roja democrática.
Pero precisamente por eso, porque la Justicia debe actuar sin ruido ni trincheras, la política debería exigirse algo más que la mera legalidad.
También ejemplaridad.
Porque un país no se deteriora solamente cuando alguien cruza la línea roja penal.
Empieza a deteriorarse mucho antes:
Cuando deja de distinguirla.
Y ahí sí que no hay prórroga posible.
Archivo de la causa…
O tarjeta roja.
Pero definitiva.


jueves, 7 de mayo de 2026

ZONAS GRISES

 


El juicio del llamado caso "mascarillas" ha llegado a su fin , en espera de la sentencia del Tribunal Supremo.
Y me provoca algunas reflexiones.
Haciendo un seguimiento del mismo e independientemente de la figura del ex Ministro de Transportes Jose Luis Abalos como presunto "padrino" y beneficiario lucrativo de la trama junto con el resto de implicados, me llama poderosamente la atención la figura de Koldo Garcia, independientemente de lo publicado sobre su perfil, pasado profesional , militancia o formación.
Puede que sea algo bastante más incómodo.
Porque cuando aparecen personajes así, la tentación inmediata consiste en convertirlos en monstruos excepcionales, como si hubieran surgido de un agujero aislado del sistema. 
Y probablemente ese sea el error más tranquilizador para todos. Pensar que el problema es el de “un individuo”.
Pero quizá Koldo no sea solo una anomalía. También un síntoma.
El símbolo de una forma de funcionar demasiado instalada en España desde hace décadas.
La mezcla difusa entre confianza personal, poder político, acceso informal y ausencia de controles reales.
No hace falta imaginar conspiraciones cinematográficas.
La corrupción moderna rara vez funciona así.
Casi nunca empieza con sobres encima de una mesa.
Empieza con algo mucho más cotidiano:
“Es de confianza”.
“Ayúdalo”.
“Tiene acceso”.
“Habla con él”.
“Ya sabe cómo funciona esto”.
Y poco a poco aparece una figura peligrosísima para cualquier democracia. La persona sin poder formal, pero con un enorme poder real.
Ese espacio ambiguo entre despacho, partido, ministerio, empresarios y favores es precisamente donde los sistemas institucionales más sólidos intentan poner límites muy claros, basados en estrictos controles.
Las democracias modernas no se deterioran ,normalmente mediante grandes golpes de Estado.
Se desgastan lentamente a través de pequeñas normalidades aceptadas.
El amigo que intermedia.
El asesor que nadie controla.
El empresario con teléfono directo.
La reunión que no consta.
El “ya te llamaré”.
Y cuando eso se normaliza demasiado, los controles llegan tarde.
España no es un país sin democracia, pero claramente  imperfecta.
Ni un sistema comparable a los modelos autocráticos donde el poder político controla abiertamente jueces y tribunales.
Aunque , honestamente, esa presión política existe y es practicada
Pero sí un país donde,  demasiadas veces, las relaciones personales pesan más de lo que deberían dentro de las estructuras públicas.
Y ahí Koldo se convierte en algo más simbólico que individual.
Porque, aunque finalmente los tribunales determinen responsabilidades concretas, el debate importante ya está abierto.
¿ Cómo puede una persona acumular tanta capacidad de influencia , desembocando en presunta corrupción, obviamente en connivencia con un alto cargo,  sin controles preventivos eficaces?
La pregunta no debería dirigirse solo a un partido político, sería demasiado cómodo.
Debería dirigirse al funcionamiento completo del sistema: Ministerios, Partidos, Organismos públicos,controles internos, cultura administrativa. 
Porque,  la gran debilidad española no es únicamente jurídica.
Mas bien parece cultural y arrastrada por nuestro pasado.
Seguimos confundiendo demasiadas veces cercanía con mérito, acceso con capacidad y lealtad personal con profesionalidad institucional.
Y eso termina generando una administración vulnerable a las zonas grises.
Lo más preocupante de un caso así no sería descubrir que existe corrupción. La corrupción , lamentablemente, existe en todas las democracias.
Lo preocupante es descubrir que muchas de las conductas previas se aceptaban como  "normales " .....hasta que investiga la Guardia Civil, la UCO o un juez.
Y una democracia madura debería detectar antes esas anomalías.
Mucho antes de que terminen convertidas en sumarios de miles de páginas. Porque el verdadero prestigio institucional no se mide solo por castigar culpables.
También se mide por impedir que ciertos mecanismos lleguen siquiera a consolidarse.
Y ahí sigue pendiente una reforma mucho más profunda que cualquier sentencia futura.
La degradación institucional no aparece de golpe, sino cuando el sistema normaliza determinadas prácticas y deja de exigir calidad democrática.
El pensamiento político de Montesquieu ya lo definió:
“Las instituciones son fuertes cuando las personas aceptan límites , incluso cuando podrían saltárselos.” 

jueves, 30 de abril de 2026

ROAST



Cuando uno enciende la televisión para seguir el directo del Congreso de los Diputados tiene la incómoda sensación de haberse equivocado de canal.
No porque lo que vea sea ficción ,ojalá, sino porque el tono, la gestualidad y la intensidad recuerdan sospechosamente a otro género: el roast.
Solo que sin guion, sin ingenio… y sin inteligencia.
El roast, popularizado por formatos como el Comedy Central Roast, tiene reglas claras. Se invita a una figura conocida, se la somete a una batería de críticas despiadadas y todos aceptan el juego. Hay ironía, precisión y, sobre todo, una premisa básica: el humor.
Incluso Donald Trump pasó por ese ritual antes de que la realidad decidiera competir con la parodia.
En el roast, el ataque es un ejercicio de inteligencia.
Hay ritmo, hay intención y hay conciencia de estar representando un papel.
En el Congreso también hay críticas, interrupciones y teatralidad.
Pero con una diferencia esencial:
Aquí nadie parece entender el género.
Lo que debería ser debate se convierte en ruido.
Donde cabría esperar ironía, hay descalificación burda.
Donde debería haber argumento, hay volumen.
Y lo más inquietante:
Muchos parecen convencidos de que están haciendo política… cuando apenas están haciendo espectáculo.
Un espectáculo mediocre.
Porque la crítica puede ser feroz y brillante a la vez. Puede desmontar, incomodar y hacer pensar.
Pero para eso hace falta algo más que indignación y gesto.
Hace falta talento.
Imaginen por un momento un Congreso que adoptara, al menos, parte de las reglas del roast: intervenciones breves, agudas, con referencias y sentido del humor. Y al final, el aludido respondiendo con inteligencia en lugar de ofensa prefabricada.
Seguiríamos sin estar de acuerdo.
Pero al menos merecería la pena escuchar.
Hoy asistimos a una versión torpe y descafeinada de ese formato.
Un roast sin risa.
Una política sin altura.
Y en ese escenario, el espectador ,cada vez menos paciente, cambia de canal.
No porque no le interese la política.
Sino porque, si va a ver un espectáculo, al menos exige que esté bien escrito.
 









martes, 28 de abril de 2026

HIMNOS



Hace unos días volví a ver Casablanca.
He perdido la cuenta de las innumerables veces que lo he hecho , al igual que con otras películas míticas .
Y de nuevo, al visionar la emblemática escena en que un grupo de personas decide entonar La Marsellesa , como reacción ante los cánticos de un  grupo de soldados alemanes, liderados por el Mayor Strasser ( Conrad Veidt), me provoca una reflexión.
No solo es música.
Es una declaración emocional de dignidad compartida. 
No hay cálculo. No hay estrategia. 
Hay algo más raro: unidad.
Muchos años después, tras los atentados de París, la Asamblea Nacional volvió a cantarla. 
Y, por un momento, pareció que el ruido del mundo se detenía. No por el himno en sí, sino por lo que representaba.
Un nosotros sin matices, sin trincheras.
Nunca he sido de símbolos. 
Las banderas y los himnos tienen una capacidad casi infinita para ser utilizados y, a menudo, manipulados por cualquier espectro político. 
Son herramientas eficaces porque apelan a lo más primario.
Emoción, pertenencia, identidad. Y ahí es donde empieza el problema.
En España,  arrastramos una herencia incómoda. 
La bandera y el himno siguen, para muchos, contaminados por la memoria de una guerra civil y una dictadura.
No es una cuestión solo de razón.
Es una cuestión de piel. Y contra eso, los argumentos sirven de poco.
Quizá lo verdaderamente triste no sea ese pasado , todos los países lo tienen, sino nuestra incapacidad para resignificarlo juntos. 
Para construir algo nuevo que no excluya, que no incomode, que no obligue a elegir bando antes incluso de empezar a conversar.
Porque, en el fondo, no se trata de crear una letra para un himno. Se trata de crear un espacio común donde esa letra pueda ser cantada sin sospecha.
¿Cómo avanzar hacia ahí? Tal vez no con grandes gestos, sino con decisiones incómodas y valientes.
Primero, aceptar que la memoria es plural y en ocasiones no justa.
No imponer una narrativa única, sino reconocer que diferentes sensibilidades conviven , pero siempre en democracia.
La concordia no nace de borrar el pasado, sino de entenderlo sin utilizarlo como arma arrojadiza.
Segundo, despolitizar , en la medida de lo posible, los símbolos institucionales.
Suena utópico, pero implica algo muy concreto.
Que ningún partido se apropie emocionalmente de ellos. 
Que ondear una bandera no diga nada sobre a quién votas.
Tercero, abrir un proceso cultural, no solo político. 
Una posible letra para el himno no debería salir de un despacho, sino de un proceso participativo amplio.
Artistas, historiadores, lingüistas y, sobre todo, ciudadanos. No para buscar unanimidad , eso no existe, sino para construir legitimidad.
Cuarto, educar en ciudadanía antes que en identidad.
Si el orgullo colectivo se basa solo en símbolos, es frágil y fácilmente manipulable. 
Si se basa en valores compartidos , respeto, convivencia, justicia,  entonces los símbolos dejan de ser trincheras y pasan a ser puentes.
Y, por último, asumir que quizá nunca cantaremos todos lo mismo con la misma emoción. 
Pero sí podemos aspirar a algo más realista y más valioso
Que nadie sienta rechazo al hacerlo.
Tal vez el himno llegue después.
 Lo importante es que ya estemos empezando a escucharnos.