jueves, 2 de junio de 2022

EXTERIOR

 


Dado que,  durante un amplio período del siglo XX, los trenes utilizaban el carbón como fuente de energía, su combustión provocaba una capa de fina carbonilla.
Para impedir que se introdujese en los pulmones de los sufridos pasajeros, se recomendaba mantener las ventanillas de los vagones cerradas .
Complementariamente y en previsión de posibles accidentes, figuraba una placa en la cual se indicaba : “Prohibido asomarse al exterior”
Durante la dictadura, dicha frase se utilizaba, irónicamente, ante los posibles riesgos en los cuales se podía incurrir, al intentar verbalizar las diferencias existentes entre nuestro país y el resto de democracias europeas.
Afortunadamente, ello forma parte del pasado.
Sin embargo, me ha venido a la memoria recientemente, ante el desolador panorama informativo que encuentro cada mañana, al repasar las ultimas noticias delante de la pantalla de mi ordenador.
Todavía sin finalizar las secuelas del Covid19, España ya es, oficialmente el país con el mayor brote de la viruela del mono, cuya extensión es todavía impredecible, la guerra en Ucrania continua imparable  y no se vislumbra el final , una nueva matanza de escolares en Texas, los precios de la energía y alimentación se disparan, la inflación alcanza cotas históricas, etc.
Como diría Mafalda, ese entrañable personaje creado por Quino:
“¡ Paren el mundo que me quiero bajar!”
Compartiendo estas reflexiones con otras personas,  me dicen   que, lamentablemente, estas situaciones son más habituales de lo que nos parece, como  demuestra la pasada historia.
Estoy totalmente de acuerdo.
El problema es cuando , en tu actual momento de vida, dicha situación comienza a superarte, posiblemente por un cierto cansancio mental acumulado.
Y  comienzas a practicar introspección, incluso física, procurando , como recomendaba la placa, no asomarte al exterior, dado que el paisaje no te entusiasma.
Indudablemente , no creo que sea únicamente por las razones mencionadas.
Cuando alcanzas una determinada etapa, amablemente definida como madurez, es inevitable hacer balance de tu recorrido vital .
Siempre que lo realices con objetividad, el riesgo es mínimo.
Si eres capaz de valorar y apreciar todo aquello que se desarrolló favorablemente , asumiendo deportivamente los aspectos negativos y errores cometidos, se puede calificar como necesario.
Caso contrario , corres el riesgo de vivir el último período de tu vida en una lamentable insatisfacción, para nada justificable.
Y a pesar de las decepciones que hayas podido experimentar en tus relaciones personales y vivencias, debes de seguir confiando en ti y en tu capacidad de encontrar la ruta apropiada.
Sin por ello olvidar, rememorando nuevamente a la mítica Mafalda , una de sus frases más afortunadas:
“Uno de los problemas de este mundo, es que hay mas gente interesada, que interesante “.
Lamentablemente.